El día que nació Diego

El día que nació Diego

Cuando te quedas embarazada de tu primer hijo llueven las dudas, los miedos y las preocupaciones.
Las primeras semanas son mortales con tanto revoltijo de hormonas, con tantos cambios en tu día a día, con tantos pensamientos… Y más si no es un bebé buscado (que no deseado, que no es lo mismo).

Yo asistía a todas las clases de preparación al parto, en todas estaba super puntual en la puerta del ambulatorio. Recuerdo que eran los viernes, a las 9:30,  que yo era la mas jóven de todas las futuras mamás, de las pocas que iban solas, y la única que no había tenido acompañante en ninguna clase.
Pero yo iba con una ilusión increíble todas las semanas. Me encantaba aprender todo lo que podía enseñarme mi matrona sobre el que iba a ser mi futuro parto, me encantaba escuchar anécdotas y aprender de ellas.

El 14 de Diciembre por la noche, con treinta y nueve semanas recién cumplidas, mi madre empezó a bromear diciéndome que por favor mi pusiera de parto ese finde (era viernes), que así ella no tenía que faltar al trabajo y podía llevarme al hospital. Yo le dije que ojalá pero que no le veía intención a Diego de nacer. Esa misma noche, ella leyó que la tónica lleva oxitocina, que puede provocar contracciones. Me dijo que en la nevera tenía 6, que nos tomáramos una y que a ver que pasaba. Yo fui super confiada y vi que estaban caducadas, a lo que me dispuse a abrirlas para vaciarlas y tirarlas (no sin antes olerlas, a ver si me subía un poco de oxitocina).

Me acosté y me dormí. A las 2 de la mañana del sábado 15 de Diciembre me desperté con una ligerísima molestia en la barriga, yo pensaba que de oler las tónicas mi mente se estaba sugestionando y que no serían mas que paranoias mías.
Me levanté para ir al baño y ¡sorpresa! tenía un poquitín de flujo con sangre al limpiarme, a lo que yo muy tranquila me fui a la habitación de mi madre y la desperté. Me dijo que nos fuéramos al hospital ya y yo le dije que no, que a mi no me dolía nada y que no se preocupara, que siguiera durmiendo.
Yo me acosté, pero claro… Ya sabía que en cuestión de horas me iba a cambiar la vida para siempre y no podía dormir. La molestia se convirtió en un dolor muy leve y soportable, pero yo apenas pensaba en eso, solo en que iba a ser madre de un pequeño Diego, y que mi abuelo, que estaba muy malito lo iba a poder conocer.

Sobre las 6 de la mañana me volví a levantar, y seguí echando el tapón mucoso. Me sorprende la tranquilidad que tuve y lo poco que me preocuparon los dolores.
Volví a la cama y a las 10 ya me fui al baño y ya empecé a sangrar un poco más, las contracciones eran mucho mas seguidas y ya tenía que despertar a mi madre. Sabía que Diego estaba cerca.

Me dijo que desayunara corriendo y que nos fueramos, a lo que yo le dije con toda la calma del mundo que iba a prepararme. Me metí al baño y me duché, depilé, lavé el pelo, me lo alisé… Iba hecha un pincel.

Nos subimos al coche e ibamos contando las contracciones, cada 3 minutos, cada 2… Esto iba ya deprisita, pero a mi seguía sin dolerme apenas.

Llegamos al hospital y me exploraron «quítate todo y ponte el camisón, estas de 4 cm y te quedas«
¡¡¡Madre mía cómo rompí a llorar!!! Todo lo que no había llorado en la vida lo estaba llorando en la sala de exploración. Yo les decía nerviosa que no me dolía nada, que lloraba de los mismos nervios y de la emoción, y ellas se reían.

Me bajaron a dilatación sola, y me enchufaron la oxitocina. Yo accedí pensando que era necesario, ahora sé que no. Mi parto cursaba con normalidad y Diego y yo estábamos sanos. Simplemente querían acelerar el proceso de dilatación.
Yo seguía casi sin dolor hasta que me rompieron la bolsa. Ahí empezó la fiesta. Vaya contracciones, por el amor de Diosa. ¡Cómo había cambiado todo en un minuto!

Me pusieron la epidural, y me metieron al paritorio en cuestión de minutos. Había dilatado rapidísima y no me estaba haciendo efecto la analgesia.
Eran las 16:00 cuando dejaron entrar a mi madre. Yo obedecía las órdenes de los profesionales, pujaba cuando me decían, pero aún así ellas seguían teniendo comentarios desafortunados sobre mi fuerza, mi incapacidad de dar a luz y hasta sobre mi físico. Me bloqueé.

Me dolía mucho, muchísimo, y nada me lo calmaba, solo el no respirar.
Pocos minutos después dos mujeres se me subieron a la barriga y con ayuda de un alzador, ejercieron toda la presión de sus cuerpos sobre el mío. Yo gritaba que no podía respirar, las intentaba apartar, a lo que una tercera me ató las muñecas. Quería despertar de esa pesadilla.
De un momento a otro empecé a convulsionar, y las voces iban siendo cada vez mas lejanas. Escuchaba de lejos «¡que se salga la madre, echad a la madre de aquí!» Y veía como mi madre abandonaba el paritorio llorando entre los empujones de los enfermeros. Me desmayé.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero me despertó la salida de Diego.
¡Qué sensación! Noté algo que no puedo describir, y al segundo me espabiló un llanto, un dulce llanto con el que empezaba mi vida, mi nueva vida, mi mejor vida.

A los pocos minutos me lo trajo mi madre, a la que ya habían dejado pasar. Me lo puso encima y yo no podía dejar de abrazarlo y llorar.

 

 

Me subieron a reanimación y me lo enganché al pecho, ¡cómo comía el tío!

Mi estancia en ese hospital fue de horror, hubo trescientas mil visitas que yo no quería, me tocó una enfermera bastante borde y me sentí muy sola e infantilizada.

Me dieron el alta a los dos días. Se me hicieron eternos.

Aún me cuesta digerir todo lo que viví aquel sábado. Me imaginaba un parto totalmente diferente y me di de bruces con una realidad bastante traumática.
Ahora solo queda intentar olvidar todo y disfrutar de lo mejor que me ha dado la vida.
Diego y yo solos, y que explote el mundo si quiere.

 

 

 

Esta entrada tiene 9 comentarios

  1. Eres un amor, que historia tan tremenda. Eres una campeona y Diego estará super orgulloso de tí y de todo lo que has decidido porque lo haces todo por él y de corazón. Me ha encantado y he recordado ese momento mágico de verlo y sentirlo. Ches

    1. Ches, eres un amor y una gran mamá, tienes un ángel al que cuidas genial y un corazón que no te cabe en el pecho. ¡Gracias por subirme el autoestima siempre!

  2. Me encanta leerte, estoy llena de miedos e inseguridades y tu historia me parece de una luchadora nata. Creo que empezamos a ser madres desde el minuto uno desde que sabemos que esta esa bolita reboloteando en nuestro interior. Esta tarde tengo mi segunda eco y solo pienso en que este ai, que este bien que su corazon lata con fuerza porque su mami lo esta esperando aqui para darle mi vida. Sige escribiendo… estoy enganchada.. un besiko de una vieja amiga de aquellos lugares donde pasaron a la historia… 😉

    1. Totalmente de acuerdo. Somos madres desde que vemos las dos rayitas rosadas en el test de embarazo. No tengas inseguridades, sigue tu instinto que ese no falla. ¡Un beso, preciosa!

  3. He entrado de casualidad y me ha encantado!!!

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