EL PRIMER GOLPE – Lo que hay después.

Pasa el tiempo, tu sigues retraída.
Has cambiado, te has vuelto fría.
Ya no sueles salir sola, y cuando no te queda más remedio, pasas más tiempo mirando a tus espaldas que mirando hacia delante. Sigues creyendo que va a ir a por ti.
Duermes poco, duermes mal. Las pesadillas no se van.

Meses después y varias sesiones más tarde, descubres que estás mejor.
Cada vez entiendes más, que nada de lo que te ha pasado ha sido tu culpa, que quien te quiere no te pega.
Un día conoces a un chico. Te cierras herméticamente, pero aunque lo intentas controlar, cada vez que hablas con él sientes fuegos artificiales dentro.
Dejas, poco a poco y con mucho cuidado, que se vaya haciendo un hueco en tu corazón.
Él se enamora de ti, pero esta vez de verdad.
Al principio quedas con él siempre en lugares muy concurridos. Así te sientes un poco más protegida. Poco a poco y sin saber cómo ha pasado, empiezas a confiar en él.
Soporta mucho. Algunas personas podrían incluso pensar que soporta demasiado.
Cuando te va a abrazar, tú te cubres. Estás acostumbrada a los golpes.
Cuando os peleáis por cualquier tontería, coges el móvil corriendo, no vaya a ser que te lo quite.
Tardas en acostarte con él, y cuando lo haces, te avergüenza tanto tu cuerpo que sigues haciéndolo con la luz apagada y con el sujetador con relleno puesto.
No sabes lo que es un orgasmo hasta que él se molesta en ir más allá y en hacer de ese momento, un momento maravilloso para los dos.
Hablas mucho con tu familia y ellos te reiteran una y otra vez que esto es lo normal. Que dejes de esperar ese primer golpe, que no va a suceder.
Y entonces comprendes que te mereces ser feliz.
Y te lo crees.
Y decides teñirte el pelo de naranja.
Y vuelves a llevar pantalones cortos.
Y a salir con tus amigas.
Y empiezas a quererte.
Y vuelves a reír.

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