SOS, ¡MI HIJO TIENE PIOJOS!

SOS, ¡MI HIJO TIENE PIOJOS!

Jamás imaginé lo que podía aprender de piojos en tan solo veinticuatro horas.
Y es que en casa, en este tema éramos novatísmos.
Éramos, porque a día de hoy ya nos hemos hecho el máster piojil con nuestro hijo de seis años. Encima ha tenido que ser con él, que es el que tiene el pelo largo y rizado y el que odia sobremanera que se lo toquen.

 

El caso es que ayer, al recogerlo del cole, vi como se rascaba la cabeza con ganas. Le miré por encima en la calle, porque desde siempre he tenido pánico a los piojos, pánico que se agravó cuando el pelo de Diego empezó a crecer y crecer. No vi nada, así que seguimos nuestro camino.
Esa tarde vi como se rascó un par de veces más, y en la cena saltaron mis alarmas porque seguía en las mismas.
Antes de meterlo en la ducha, lo senté en un taburete y empecé a inspeccionar su cabecita a conciencia.
No vi nada, pero yo que ya tenía la mosca detrás de la oreja, seguí y seguí hasta que saqué un minúsculo huésped blanquito que movía las patas con alegría.

Sólo vi uno, pero supuse que tenía que haber más y que como yo no era ninguna experta, no los estaba buscando bien.

Dormí a Diego como de costumbre, y a la mañana siguiente su padre fue a la farmacia a por un arsenal de productos que se supone eran los más efectivos. Casi cuarenta euros nos gastamos en un spray que los mataría en dos minutos, una liendrera último modelo y un champú especial prevención para después. Pan comido, decía la caja. Y nosotros nos lo creímos.

Nos dispusimos a preparar el baño. Diego se mostró colaborativo en todo momento. Le eché el spray y en vez de dos minutos se lo dejé un par más. Le puse el gorro y después empecé a desenredar la maraña de pelo rizado y aceitoso que le había dejado el dichoso spray.
Empecé a pasar la liendrera y apenas sacaba nada. Algunas motas que supuse eran liendres.
Estuvimos tres horas en el baño. TRES HORAS. Y en todo ese tiempo conseguí sacar cinco o seis piojitos.
Nos revisamos el pelo unos a otros, mi marido, la hermana y yo estábamos limpios, pero aún así nos pusimos el spray.
El caso es que después de lavarnos el pelo dos veces, se nos quedó como si nos hubiésemos echado una botella de aceite de oliva encima. Fue un verdadero horror.
Le sequé el pelo a Diego, pero era muy pronto para cantar victoria. Probé a pasar la liendrera una última vez con la esperanza de que saliese limpia y no, saqué otro maldito bicho y encima, después de tres horas, estaba vivo.
Mi marido recurrió a lo que a todo padre desesperado haría en ese momento, preguntarle al niño si se quería cortar el pelo.
Después de una mañana de tirones, pelos arrancados sin querer, varios lavados y mucho aburrimiento, pensamos que Diego nos diría que sí. Pero no.

Así que como humana hasta las narices de perder el tiempo, busqué en Google algún sitio que hiciese el trabajo por mí. Estábamos en un punto en el que pagábamos cuánto fuese necesario para acabar con ese horror de día.

Y me apareció una pagina que me llamó la atención. Sin más piojitos es una franquicia que erradican los piojos con un método 0% dañino, rápido, natural y con garantía.
Así que llamé y casi supliqué que me cogieran la cita para esa tarde.
A última hora nos cogieron, y nos estuvieron explicando todo el proceso. Yo, que soy muy neuras, les pedí si me podían mirar a mí también porque tenía pánico, y ellas, más majas, me revisaron bien y vieron que por suerte, el único que tenía era el niño.

 

 

Se pusieron manos a la obra. Sentaron a Diego en una silla y le pusieron los dibujos animados que le gustaban. Primero le desenredaron el pelo y le pasaron la liendrera de forma superficial. Luego le dividieron la cabeza en mechones y cogieron una especie de aspirador con un cabezal que tenía incorporado un peine fino y empezaron a peinar con cuidado cada mechón, sin dejarse ni uno, mientras la aspiradora se llevaba por delante todo el rastro de vida que habitaba en el pelo. Cuando acabaron con toda la cabeza, cogieron una lupa especial y empezaron de nuevo a peinar toda la cabeza, comprobando que no se quedaba escondido ningún huésped.

 

 

El proceso duró una hora larga, y dejaron la cabeza de Diego totalmente limpia. No obstante tenemos revisión dentro de siete días para asegurarnos cien por cien.
El precio fue de 55€, que me parece bastante justo para el trabajazo que se han pegado las chicas.

En el ratito que estuvimos allí, yo que soy muy preguntona, cogí mucha información que no sabía acerca de estos parásitos, y aprendí que:

  • Los piojos no saltan ni vuelan. Se pegan por contacto directo cabeza con cabeza o por compartir cepillos, gorras y cosas del estilo.
  • Se mimetizan. Son capaces de adoptar un color muy parecido al cabello de la persona en la que habitan, por eso a veces es muy difícil detectarlos.
  • Se alimentan de sangre y sueltan saliva. Es posible que la cabeza pique uno o dos días después de haberlos eliminado, ya que siguen quedando restos de saliva bajo el cuero cabelludo y ésta es muy ácida.
  • Las hembras ponen hasta diez huevos (liendres) al día, y éstos eclosionan alrededor de una semana después. La propagación es muy rápida.
  • Los focos suelen estar detrás de las orejas, en la nuca y en la coronilla.
  • No es necesario tirar todos los cepillos y gomas de pelo que hayan estado en contacto con la persona infectada, (de esto yo me enteré tarde y tuve que comprar todos los artículos de higiene capilar de nuevo). Al guardarlos en una bolsa y meterlos al congelador una noche entera, los piojos mueren. También se pueden hervir unos minutos. Ambos métodos son efectivos.
  • Hay que lavar a mínimo, 60ºC, todo lo que haya estado en contacto con la cabeza y en dónde se puedan haber agarrado los piojos, (sábanas, toallas, fundas de cojines…)
  • Los piojos solo viven tres días sin alimentarse de sangre, así que con las cosas que no se puedan lavar (como la silla del coche) lo que hay que hacer es meterlas en una bolsa hermética y dejarlas ese tiempo.
  • Es un mito que los piojos vayan a cabezas sucias. De hecho prefieren las cabezas limpias.
  • Revisar la cabeza de los niños con frecuencia ayuda a la rápida detección y de esa manera ayuda también al mínimo contagio.

Espero no volver a ver un piojo nunca más, pero si así fuera, ya sabemos que hay sitios en los que los erradican sin hacer daño a los niños. Nosotros volveríamos sin duda.

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