Esclavos del algoritmo

¿Tienes una cuenta de Instagram?
Si la respuesta es sí, ¿con qué finalidad decidiste abrirla?

 

 

Las crecidas de las redes sociales y las nuevas estrategias de márketing parieron hace unos años a los y las influencers.

Estamos todo el día con el movil en la mano y no solo tenemos la información que necesitamos en cada momento a golpe de click, también la publicidad.

Ya hay niños y adolescentes a los que preguntas qué quieren ser de mayor y responden «influencer».
Y por supuesto, también hay adultos.

Yo entiendo y puedo llegar a defender que es un trabajo tan lícito como cualquier otro, porque editar las fotos y los videos tiene que llevar mucho curro detrás y muchas horas, pagar la tasa de autónomo, estar pendiente de las estadísticas…
Y que con la llegada del algoritmo, es sabido que el negocio se les está complicando a algunas personas.

Para quien no sepa como funciona, el algoritmo solo muestra en el feed a la gente con la que más interactuas o quien tiene una cuenta con mucho movimiento.
Castiga a los usuarios que no publican casi a diario (el algoritmo quiere compromiso), que no tienen comentarios o que no se relacionan con otros usuarios.

 

Así que ahora ha salido a la luz que existen grupos de Telegram y WhatsApp en los que no se habla nada más que para pasar links de fotos. Todas las personas que vean el mensaje se tiene que meter e interactuar en esa foto.

Y están bien porque es la única manera de burlar al algoritmo, pero muchas personas han perdido totalmente la esencia y se han dejado llevar por las rutinas de dar like y comentar publicaciones que ni siquiera les gustan sólo por poder esquivar la invisibilidad de la red social.

Otra manera de hacerse visible es pagar. Hay dos maneras de hacerlo, para mí, una es ética y la otra no.
Puedes pagarle a la plataforma para que te promocione una o varias publicaciones. Esto lo que hace es enseñarlas, ahí ya la gente decide si le gusta o no.
La otra manera es pagar a páginas externas que te inflan las fotos de likes falsos y te suben los seguidores de cinco mil en cinco mil. Muchas veces lo hacen en medio de un sorteo para que así no dé la nota.
Esta última a mí me parece mentir.

Y si la cuenta en cuestión fuese de una fundación, de una ONG, un pequeño negocio o de algo positivo para el mundo, vale, pero ¿para ensanchar el ego y/o para recibir regalos? no, eso no está bien.

Considero que no todo vale. Porque igual que detrás de un influencer hay un persona, detrás de una marca también.

Y una marca que se guía por los números (likes, seguidores…) muchísimas veces se está guiando por un espejismo.

Y yo tengo en mi familia a emprendedores que han sacado un negocio con mucho esfuerzo y me pongo mala de pensar en el supuesto de que pagaran a una persona para que les hiciese publicidad, basándose en que la siguen 30k y luego no obtengan ni una venta porque son seguidores fantasmas, bots, y cuentas vacías.

¿En qué momento esto se fue tanto de madre?
Porque esto se llama estafar.

Instagram empieza a parecer un universo paralelo lleno de falsedad y solo se le culpa al dichoso algoritmo, que por supuesto es una castaña, pero no se le puede combatir engañando y mintiendo a la gente.
Porque los seguidores, esos que para algunas personas solo son números y posibilidad de ganar dinero o productos, también son personas. Y también se les está engañando a ellos.

El otro día leí por Facebook que había poco compañerismo entre bloggers y usuarios. Mi primera reacción fue escribir un comentario diciendo que eso no es así, pero cuando lo acabé y lo releí, lo borré.
Porque no sé si hay poco compañerismo, pero lo que sí se es que hay demasiada competitividad.

Y desde que esto existe, es más difícil que una compañera te comente sin esperar nada a cambio. Y eso fastidia porque antes no era así.

Y entiendo que en cierto modo Instagram ha conseguido con sus cambios que la gente se tenga que buscar las mañanas para ser visible, pero hay comportamientos que no veo normales.

 

El único fin con el que yo me abrí una cuenta era el de compartir mi experiencia, hacer tribu, divulgar y difundir las cosas que yo creo justas o injustas.

Y estoy segura de que como esto siga así, tiene los meses contados, porque la gente ya no se cree nada, ¡y con razón!
Así que, por favor,  hagamos un uso consciente de las redes sociales y no tratemos a las personas como tontas, porque no lo son.

Un influencer antes de ser influencer fue consumidor. Ojalá no se les olvidara tan fácilmente.

 

 

 

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