Sueño, colecho y terrores nocturnos.

En casa llevamos casi seis años colechando.

Cuando di a luz a Diego, vivía en una habitación muy pequeña con una cama de noventa. Pese a eso, me dejaron una minicuna que nunca usé.
No paraban de decirme que durmiese a mi bebé ahí, pero mi instinto era lo único tenía por aquel entonces y no estaba dispuesta a perderlo. El único momento en el que me sentía feliz, era cuando Diego se dormía sobre mi pecho.

 

 

Cuando conocí a mi marido, él ya sabía que el modelo de crianza que yo seguía no era el convencional. Se lo expliqué y él, comprensivo por bandera, lo entendió. Así que cuando me iba a su casa a pasar un fin de semana, yo dormía con Diego en una habitación que tenían vacía.  Y al mudarnos empezamos a dormir juntos los tres.
A los pocos meses, Diego empezó a dormir solo, tenía tres años. Pero en una época de muchos cambios, volvió a nuestra cama. Cuando me quedé embarazada de Delia, compramos una cama grande y a medida, de 1,60, y plantamos la cuna al lado sin barrera.
Estuvimos colechando los cuatro juntos hasta que las noches se vieron truncadas por los terrores nocturnos. La hora de acostarse se convirtió en un momento de ansiedad.

Los terrores nocturnos no son pesadillas. Las personas pasamos por dos fases de sueño, aproximadamente a las dos horas de habernos dormido, entramos en fase REM, que es la fase de sueño profundo (en la que tienen lugar las pesadillas). En el momento de transición de la fase de sueño lento a la fase REM es cuando tienen lugar los terrores, aproximadamente a las dos horas después de haberse dormido. Cuando un niño se despierta llorando por una pesadilla, se le consuela, se le abraza y por lo general se duerme sin problemas… En cambio, cuando un niño se despierta con un terror nocturno, se despierta de forma muy violenta. Es un trastorno del sueño que, en nuestro caso, los episodios han llegado a durar treinta minutos.
Es muy angustioso, porque por más que le hables, el niño está como dormido. No entiende, no reacciona.
Ver como la frecuencia cardíaca de tu hijo se dispara, mientras que éste grita con angustia, es muy duro. Lo único que se puede hacer es estar a su lado para evitar que se autolesione, tener comprensión, una buena dosis de paciencia y sobretodo saber que él no quiere hacer eso, que es una respuesta involuntaria. Nunca hay que zarandearlo para hacer que vuelva en sí, sólo acompañarle en silencio hasta que pase.
El niño grita, pega, se da golpes e incluso se puede levantar y andar, pero realmente no se está dando cuenta.
A la mañana siguiente se despierta como si no hubiese pasado nada, pero según la dureza del terror, a veces puede estar muy cansado. Es inútil intentar hablar con él de lo ocurrido, ya que no se acordará y lo único que se consigue es que se asuste. En nuestro caso, como he dicho arriba, dormimos juntos. Eso nos facilita el atender a Diego rápido frente a un episodio, y así conseguir que no se agrave y llegue a más.

Pienso que antes de elegir una opción, siempre hay que estar informado de los pros y de los contras.
El colecho nos ha facilitado la vida, tanto dando biberón con el mayor como dándole pecho a la pequeña. Hemos dormido todos mejor, hemos descansado más y reduce considerablemente el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante. Las respiraciones madre-hijo se sincronizan, y es más fácil calmarlo y dormirlo. Como opinión personal, no hay nada mejor que dormir con la nariz pegada a nuestro bebé, es una sensación indescriptible.
Pero también tiene su parte negativa. Se sabe cuando se empieza, pero no cuando se acaba; hay niños que salen de la cama de sus padres con tres años, y niños que con cinco o seis siguen con ellos. Que no cunda el pánico, no se van a quedar siempre ahí.
Si nos sale un peque que se mueve mucho, hay ocasiones en las que se hace un poco tedioso y podemos recibir alguna patada voladora.
También hay que tomar ciertas medidas, no fumar, no beber, no tomar medicamentos que produzcan somnolencia, usar un saco especial para tapar al bebé cuando haga frío; ya que taparlo con el edredón o la sábana presenta un gran riesgo de asfixia, quitar todos los cojines o peluches de la cama, no abrigar al niño en exceso, ya que el contacto con nuestro cuerpo sirve también para autorregular su temperatura.

El colecho es una opción más, y hay que respetar a las familias que deciden llevarlo a cabo tanto como a las que no. Hay tantas formas de criar como familias, y cada m/padre elegirá en función a sus necesidades.

En nuestro caso, Delia, a día de hoy con dos años y medio puede dormir sola sin problema, pero Diego no. Hará pocos meses, nuestro hijo mayor dijo de dormir solo, pero se quedó en un intento. El sueño es un proceso madurativo, soy consciente de ello y por eso no fuerzo nada. Supongo que tarde o temprano pasará y  llegará la noche en la que duerma del tirón, pero sí es cierto que seis años así, y este último año y medio con los terrores, nos están pesando.
Aún así, cuando decidamos darles otro hermano, volveremos a elegir la misma opción. Para nuestra familia, los pros han superado considerablemente los contras.

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